domingo, 5 de noviembre de 2017

Presos políticos en Cataluña

“Cataluña, cuatro: Barcelona, Tarragona, Lérida y Gerona”. Así lo recitábamos en la escuela de la Casa Social Católica, recién apagados lo fuegos de la guerra y con las calles repletas de ¡Franco, Franco, Franco! (tres), ¡Arriba España! (una), ¡Viva la Virgen de Fátima! (otra) y qué se yo que más. Así que lo de /lléida/ y /yiróna/ no acaba de entrarme. Luego, cuando el insti, íbamos los domingos al Teatro Principal o al Cine Gredos a ver películas en las que salían  Estiguartgranjer, Alanlad y  Maurenojara. Éramos todos de francés, no estábamos obligados a tirarnos el moco pronunciando bien cualquier otra lengua. Siempre hemos tenido nuestros desencuentros con la pronunciación correcta. Más tarde, ya en la carrera de Románicas, estudiando catalán, seguíamos pronunciando /lérida/ y /jeróna/ recalcitrantemente y no nos suspendían.

Pero sí aprendimos pronto en las clases de redacción, con Pepita Sánchez Reyes, que había que tener cuidado con los adjetivos porque no siempre daba igual ponerlos delante que detrás del sustantivo: un pobre hombre no era lo mismo que un hombre pobre, porque era mejor ser pobre en un caso que en otro. Ella lo explicaba mejor.

Dedicado a Pepita, que, además, vive en Barcelona, me consta; para que vea que seguimos recordándola: no es lo mismo PRESOS POLÍTICOS que POLÍTICOS PRESOS. Lo digo por los de Soto del Real y Estremera. También se lo dedico a mis parientes catalanes, que algunos tengo y a toda la patulea que clama en las calles de Barcelona, Tarragona, Lérida y Gerona.

lunes, 1 de mayo de 2017

Carta a san Segundo, patrón de Ávila, en su festividad

Señor san Segundo:
Con la confianza que me permito por haberme pasado años estudiando la tradición de tu venida legendaria a Ávila para ser nuestro primer obispo, la invención de tus restos quince siglos más tarde, la imposición del bulto que esculpió Juní para tu sepulcro, las fiestas que promovió el obispo Manrique de Lara para solemnizar la traslación de tu cuerpo a la Catedral, el libro que te dedicó Antonio de Cianca, la comedia de Lope en la que sales de protagonista… En fin, que si no corto por lo sano, llevaría ocupándome de ti casi dos deácadas. Como te decía, con esa confianza, bajo hoy hasta tu primitivo sepulcro para cumplir con la tradición de introducir el pañuelo en el alabastro labrado y solicitar los tres deseos prescritos, con la seguridad de que uno me será concedido. Aquí te los dejo:

Primero. Haz que vuelva la vista hacía nosotros algún empresario tipo Amancio Ortega o Roig Alfonso (limpios de corrupción, eso sí) y nos monte aquí “ladediós”, que ya nos toca.

Segundo. Bórranos la mansedumbre y la resignación que nos hace pensar que no podemos hacer nada para salir de este puesto de cola. Me refiero a los ciudadanos corrientes, que de los políticos ya se ocupan ellos mismos en su misma mismidad.

Tercero. Tráenos un tren de este siglo. No te digo un AVE, pero al menos un RAVE (razonable velocidad) que nos coloque en la Capital en tres cuartos de hora. Que desde mediados del siglo XIX no hemos vuelto a comernos una rosca en cuanto a transporte ferroviario se refiere.

En fin, concédenos algo, a ver si se nos borran las miradas aviesas y el jetuño. Acabamos de arreglarte la ermita con nuestro dinero. Ya no sé qué más podemos hacer. Venga, estírate un poco, como cuando en las fiestas de 1594 salvaste a aquel caballero de que un cohete le volara la cabeza.

martes, 28 de marzo de 2017

Zenit, de Joglars

JOGLARS. Zenit. La realidad a su medida. Teatro María Guerrero (Madrid). Del 22 de marzo al 9 de abril de 1917.
La sátira de JOGLARS (Ramón Fontserè y Martina Cabanas) disecciona esta vez el mundo del periodismo a ritmo casi operístico a ratos, circense por momentos, siempre moviéndose en un equilibrio estimulante entre la palabra provocadora y el gesto dictado por una coreografía (Mar Gómez) que sorprende.
JOGLARS no envejece. No estoy tan seguro de que haya ocurrido lo mismo con nosotros, los espectadores. Desde el palco, contemplo el patio de butacas antes de comenzar la función: ofrece un  panorama de gente más formal que aquella que aplaudió Olimpic man, Teledeum o Ubú president. Pero, al final, los aplausos son igual de prolongados y entusiastas que entonces. Será que estamos envejeciendo bien.
Zenit le “pega un repaso” al mundo del periodismo: la vocación mercantilista, el sensacionalismo, la producción atenta al consumismo, la subjetividad, la explotación del periodista becario, la búsqueda del títular efectista a toda costa: la basura, en fin, invediéndolo todo y creando una realidad ad hoc incapaz de destruir un buen titular. Una lección de cómo el teatro sigue siendo un instrumento ejemplar de denuncia de la sociedad, como cuando Aristófanes o Molière. JOGLARS son los clásicos necesarios de nuestro tiempo. ¡ Qué buen teatro! La lección podría declararse obligatoria para estudiantes y profesionales del periodismo.

sábado, 5 de noviembre de 2016

Diario de PATRIA, de Fernando Aramburu /4

He debido interrumpir la lectura de PATRIA durante dos semanas. Cuando he vuelto a encontrarme con Miren, Bitori y los demás personajes, he tenido que hacer un esfuerzo para seguir tomando algunas notas sobre aspectos formales y de estructura (pura deformación profesional). Me lo había propuesto desde el principio, como escudo para protegerme de la intensa emoción que la historia despertaba. He aquí algunas notas, las que más me han sorprendido, las que habría explicado de haber seguido en clase.
La libertad para crear “participios de presente”, casi siempre con un matiz de humorismo o distanciamiento: Te envuelve agresiva, azotante, porque te sabe sin defensa (p. 362). La calificó gritante, agresivo, de porquería (p.385). Buscó tranquila, fotografiante, el río y se encontró con la casa natal de Goethe (p. 404).
Frases colgadas: Aránzazu guiaba: cuidado con, tira un poco hacia, no vayas tan (p. 361). A veces, para pasar de estilo indirecto a directo: Y, a la vista de la placa, le dijo a Joxian que no se prepocupase, que: —Lo que está prohibido es andar en bici entre las tumbas, pero no llevarla agarrada (P. 574).
Uso de la barra ortográfica para crear series semánticas: De forma que, si él los masajea / aprieta / besa con delicadeza, con minucioso cariño, no es raro que ella dé un respingo de gusto y quiera más (p. 364). (…) y levantaban brindadores / simpáticos / bromistas las jarras  y vasos, y trataron varias veces de envolverla en una conversación (p. 405).
Injertos de diálogo en la narración: Le indicaron a Miren que se le estaba acabando el tiempo, señora (p. 457). (…) oyó a su espalda las palabras de Joxe Mari rogándole con novedosa, en él nunca conocida humildad, que volviera, que no te vayas ahora, que tenemos que dialo… (p. 583).
Estos y otros recursos obligan a volver sobre lo aprendido en las incursiones de narratología. Pero la  prevención que buscaba de una lectura que podía llevarme a la emoción sin yo quererlo se ha venido abajo en los últimos capítulos. La carga de humanidad y compasión que ha vertido Fernando Aramburu en los personajes me ha obligado a contener las lágrimas, lo confieso. Tendría que remontarme a la confesión desesperada de Carmen Sotillo en Cinco horas con Mario de Delibes, hace cincuenta años, para decir que he sentido algo parecido.

Me sobra la lectura interesada y política que muchos están haciendo. Me basta con el humano compromiso.